Ser creativa requiere que recurras a tu manantial interior, que es como un estanque que se nutre de imágenes.

Cualquier periodo prolongado de trabajo creativo bebe de tu manantial artístico. Si abusas de él, como de la pesca en un estanque, corres el riesgo de que disminuyan tus recursos y de que intentes pescar en vano. Tu trabajo se estancará y te preguntarás por qué sucede eso justo cuando estabas con tanto trabajo.

Vivir en términos artísticos requiere aprender a manejar con facilidad el lenguaje del arte, que son las imágenes y los símbolos. Es un lenguaje sin palabras, incluso cuando tu verdadero arte consista en expresar a través de ellas.

El lenguaje del artista es sensual, es una experiencia de los sentidos. Cuando trabajas en tu arte recurres al manantial de tu experiencia, del que extraes imágenes. Por eso debes aprender a reponerlas.

¿Cómo nutres este manantial? Lo alimentas con imágenes que refresquen tus reservas artísticas. A esto lo llamo “alimentar el manantial”.

El arte es una ocupación del cerebro artístico, que es un cerebro de imágenes;  el hogar y el refugio de nuestros mejores impulsos creativos. No se puede estimular o activar un cerebro artístico sólo con palabras, pues el cerebro artístico es sensorial: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Ésta es la materia de la magia, y la magia es la sustancia del arte.  Cuando quieras alimentar tu manantial piensa en términos de magia. Piensa en placer. Piensa en juego. No pienses en obligaciones.

No hagas lo que crees que deberías hacer como si fueran abdominales espirituales (por ejemplo, leer un texto muy aburrido pero recomendado por la crítica). Haz todo aquello que despierte tu curiosidad, investiga sobre todo aquello que te interesa: concéntrate más en el misterio que en la maestría.

El misterio nos atrae, nos seduce, nos atrapa, mientras que el deber puede agarrotarnos, provocarnos rechazo, desmotivarnos. Al alimentar tu manantial concéntrate más en la búsqueda del misterio que en los conocimientos que te faltan.

Un misterio puede ser algo muy sencillo: si conduzco por esta carretera, que no es mi carretera habitual, ¿qué vistas me deparará? Cambiar una ruta habitual nos arroja al momento presente. Volvemos a enfocar la mirada sobre el mundo visible, sobre lo visual. La vista te lleva a la visión interior.

Un misterio no es nada esotérico sino que puede ser algo simple y cotidiano, porque tiene que ver con estar abierta a asombrarte en lugar de dar todo por sabido. No darlo por obvio.

 

Por ejemplo, si enciendes un incienso, preguntarte ¿qué sentiré? El aroma es un camino hacia la sanación y hacia asociaciones muy poderosas que muchas veces se pasan por alto.

También los sonidos nos acunan, mientras que otros nos estimulan. Escuchar una bella obra musical durante diez minutos puede ser una forma muy eficaz de meditar. O bailar descalza durante cinco minutos al son de música de tambores puede hacer que tu artista empiece renovada su día.

No es necesario que todo sea novedoso para alimentar el manantial. Cocinar puede ser una experiencia extática: rallar una zanahoria o pelar una manzana son acciones que alimentan este tipo de pensamiento,  por ser acciones repetitivas.

Al  cerebro artístico se llega a través del ritmo, a través de las rimas, no de la razón. Cualquier acción regular y repetitiva alimenta el manantial: zurcir , bordar, coser, hacer crochet, macramé y todas las labores de aguja, – que son por definición regulares y repetitivas-, nos relajan al tiempo que estimulan al artista interior. Se pueden hilvanar argumentos enteros mientras cosemos.

Albert Einstein se preguntó una vez:  «¿Por qué las mejores ideas me surgen en la ducha?». Investigaciones recientes sobre el funcionamiento del cerebro nos explican que esto se debe a que la ducha es una actividad del cerebro artístico.

Bañarse, nadar, fregar, afeitarse, conducir un coche o una bicicleta, son todas actividades regulares y repetitivas que nos permiten cruzar desde nuestro cerebro lógico hasta nuestro cerebro artístico, más creativo.

Las soluciones a los más enmarañados problemas pueden aflorar súbitamente lavando los platos o conduciendo en una autopista…

Procura darte cuenta de cuál de estas actividades te funciona mejor y utilízala. A muchos artistas les resulta útil mantener un cuaderno de notas o una grabadora a su lado mientras conducen.

Steven Spielberg dice que sus mejores ideas le han llegado mientras conducía por autopistas. El flujo de imágenes cambiantes que nos envuelve cuando estamos inmersos en el tráfico ponen en marcha al cerebro artístico.

Mantener la atención focalizada también es fundamental para alimentar el manantial. Así como ir al encuentro de tus experiencias vitales en lugar de eludirlas.

En lo personal me ocurre esto cuando voy a correr… es mi momento total de alimentar el manantial. ¿Cuál es el tuyo?

Bloqueo artístico es una expresión muy concreta: hay que reconocer los bloqueos y removerlos. Alimentar nuestro manantial es la forma más segura de hacerlo.

El arte es la imaginación jugando en el campo del tiempo. Date permiso para jugar.

«Dentro de ti hay un artista que desconoces… Di sí con rapidez si lo conoces, si lo has conocido desde el principio del universo». JALAI UD-DIN RUMI